Nunca te indignaste a buscarme, ni si quiera lo intentaste.
Tampoco decidiste llamarme, y aún así yo hice alboroto,
buscando tu atención y no entendiste mi desesperación.
Nunca te indignaste a buscarme, ni siquiera lo intentaste.
Tampoco te indignaste a escribirme, y yo, con el corazón roto, tuve que alejarme.
Te bloqueé con lágrimas en los ojos, pero una parte de mí esperaba a que volvieras.
Te juro que esperaba tu respuesta, pero tu silencio ya me respondió.
En el fondo siempre supe que no me querías y de que yo no era la elegida.
Nunca te indignaste a buscarme, a correr hacía mí dirección.
Y te odio. Te odio porque nunca entenderé como dañaste a la única persona que te amaba.
Yo siempre quise que lo intentaras.
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