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Siempre te espere

Nunca te indignaste a buscarme, ni si quiera lo intentaste.  Tampoco decidiste llamarme, y aún así yo hice alboroto,  buscando tu atención y no entendiste mi desesperación.    Nunca te indignaste a buscarme, ni siquiera lo intentaste.  Tampoco te indignaste a escribirme, y yo, con el corazón roto, tuve que alejarme.  Te bloqueé con lágrimas en los ojos, pero una parte de mí esperaba a que volvieras.   Te juro que esperaba tu respuesta, pero tu silencio ya me respondió.  En el fondo siempre supe que no me querías y de que yo no era la elegida.    Nunca te indignaste  a buscarme, a correr hacía mí dirección.  Y te odio. Te odio porque nunca entenderé como dañaste a la única persona que te amaba. Yo siempre quise que lo intentaras.                   

SI NO LE NACE, NO INSISTAS

  A veces el alma se aferra a ideas que no le pertenecen.   Yo me aferré a él como quien abraza una esperanza rota, esperando que, a lo mejor, con el tiempo, las piezas volverían a encajar. Anhelaba su amor como se anhela el calor en pleno invierno.   Creí en él, en aquellos silencios incómodos y en aquellos gestos a medio hacer, y todo porque  siempre quise creer que, bajo la superficie, quedaba algún rastro más. Que en algún rincón de su corazón, guardaba un amor reservado para mí, pero yo me equivoqué.  Aún así, insistí. Insistí porque una parte de mí se negaba a aceptar que alguien pudiera ser indiferente al amor que me daba. Pensé que si era paciente, si esperaba lo bastante, algo en él cambiaría.  Pero el amor no se suplica, ni se mendiga. Dicen que si no le nace, no insistas y cuánta razón. Porque un amor obligado, no es un amor.