SI NO LE NACE, NO INSISTAS
A veces el alma se aferra a ideas que no le pertenecen. Yo me aferré a él como quien abraza una esperanza rota, esperando que, a lo mejor, con el tiempo, las piezas volverían a encajar. Anhelaba su amor como se anhela el calor en pleno invierno.
Creí en él, en aquellos silencios incómodos y en aquellos gestos a medio hacer, y todo porque siempre quise creer que, bajo la superficie, quedaba algún rastro más. Que en algún rincón de su corazón, guardaba un amor reservado para mí, pero yo me equivoqué.
Aún así, insistí. Insistí porque una parte de mí se negaba a aceptar que alguien pudiera ser indiferente al amor que me daba. Pensé que si era paciente, si esperaba lo bastante, algo en él cambiaría.
Pero el amor no se suplica, ni se mendiga. Dicen que si no le nace, no insistas y cuánta razón. Porque un amor obligado, no es un amor.
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